En esta ocasión nos trasladamos a Griñón (Madrid) para trabajar dos árboles con buen potencial. El primero de ellos era un Pino Albar (Pinus sylvestris) que llevaba tiempo creciendo libre y no se le había efectuado desde hacía tiempo ningún trabajo, por lo que mostraba una silueta descuidada y empezaba a presentar problemas de alejamiento del verde del tronco. Tras un día alambrando la mayor parte de sus ramas con alambre de cobre recocido ya hace tiempo, lo que dificultaba la tarea enormemente, finalmente con el debido cuidado en su manipulación se obtuvo un resultado muy satisfactorio.

Estado inicial del Pino.

Diseño terminado (maceta fotomontaje).

Mostrando su magnitud.

El segundo árbol diseñado desde cero fue este Acebuche (Olea sylvestris), al que a su propietario otras personas le aconsejaron levantar el tronco con lo que se perdería su bonito movimiento y enterrar parte de la base. Nosotros, sin dudarlo, descartamos por completo estas ideas y decidimos elegir el frente posterior, donde se localizaba una interesantísima oquedad de madera muerta que convertiríamos en el punto focal del bonsái, manteniendo el nivel de plantado, aunque inclinando el tronco hacia el observador, con lo que lograríamos evitar que la mitad superior se dirigiera atrás.

Material de partida.

El resultado final muestra un ejemplar muy compacto, con un nebari potente, un tachiagari muy original y con mucho carácter. El conjunto presenta un buen equilibrio estático, aunque la sensación que crean la disposición del ápice, la distribución de ramas, las masas de verde y los espacios vacíos, se conjugan para evocar la figura como de dos bailarines danzando…

Primera formación de este peculiar Acebuche.