Nueva Camiseta

Ya tenemos el nuevo diseño de la camiseta de la Escuela…

La Sabina de Alex

A continuación se muestra el diseño propuesto por la Escuela Sagunt Bonsái, para esta Sabina (Juniperus sabina) propiedad de Alejandro Morena de Carranque (Toledo). Entre los diversos servicios disponibles también ofrecemos asesoramiento y creación de bocetos factibles, del posible aspecto futuro de cada bonsái previo al trabajo de formación en los Talleres.

Estado actual de la Sabina (Juniperus sabina).

Detalle del interesante shari y la vena viva que recorre todo el tachiagari.

Boceto realizado por Alejandro Morena mostrando su idea de diseño para este árbol.

Simulación por ordenador de la propuesta planteada por la Escuela Sagunt Bonsái.

José Manuel Blázquez / BONSAIKIDO

La creatividad (y la imaginación) no son una exclusividad de los artistas (pintores, escultores, músicos…), ni de los maestros de bonsái. No por casualidad, una buena parte del éxito en el diseño de un bonsái y de la consecución de buenos resultados se debe en gran medida a:

• Saber ver: componer (dibujar, pintar, esculpir, diseñar un bonsái, etc.) está directamente relacionado con saber ver. En la vida diaria actuamos con rapidez frente a todo lo que hay a nuestro alrededor, pero para crear o diseñar un bonsái (o cualquier obra de arte) es necesario bajar ese ritmo y no solo limitarnos a mirar los árboles que nos rodean en la naturaleza, sino a verlos de verdad, como si fuera la primera vez que nos encontráramos frente a ellos. Esta capacidad mejorará nuestra percepción del mundo que nos envuelve, especialmente de los árboles. Además, cuanto más entrenemos la vista, más deslumbrantes encontraremos los detalles que narrarán la historia de esos árboles y será entonces cuando las cosas más insignificantes se volverán bellas (cortezas, ramas, etc.).

• Tener una actitud positiva: olvidarse del “no puedo” y pensar lo que en realidad “estoy aprendiendo”. Los diseños y composiciones de un bonsái no suelen salir bien a la primera, hay que ser constantes y aprender de los que ya saben.

• Ser entusiasta: volcando toda nuestra pasión, imaginación y espíritu en lo que estamos haciendo, impulsaremos la creatividad del diseño de nuestro bonsái.

• Equivocarse: no hay que tener miedo a cometer errores, de hecho estos son necesarios para avanzar en el aprendizaje. Sobre todo hay que evitar el miedo a lo que otros puedan pensar. Lo importante es no cerrar nuestra mente al proceso de exploración, pero desde el conocimiento, no desde la improvisación.

• Descansar: detenerse a pensar sin hacer nada y parar un poco el ritmo es importante para conseguir buenos diseños con un bonsái. Las mejores ideas y la creatividad surgen en momentos en los que estamos alejados de nuestros pensamientos y desafíos diarios.

En situaciones en las que “perdemos el tiempo” en nosotros, las cosas fluyen con más calma y vemos los árboles que nos rodean de forma distinta. En esos instantes nuestra creatividad recarga las baterías y se pone a trabajar. La percepción, un sexto sentido, y la intuición se manifiestan en el diseño de nuestros bonsáis.

• Buscar la naturalidad (shizen): evita los diseños demasiado elaborados y refinados. Esto plantea cierta dificultad y autocontrol, mientras que el exceso y la complicación son más fáciles y comunes. Tampoco requieren demasiados procesos de reflexión ni creatividad.

• Buscar la simplicidad (kanso): los mejores profesionales y aficionados siempre están buscando la solución más simple para el problema más complejo. Si todo es importante, entonces nada lo es. Es fundamental reducir los elementos (ramas, volúmenes, etc.) para quedarse sólo con lo esencial.

Es importante no confundir simple con simplista o simplismo, o la simplicidad del diseño de un bonsái que surge de la pereza o la ignorancia, sino del deseo inteligente de claridad, franqueza, sutileza, etc. que nos hace llegar a la esencia de las cosas, lo que a veces no resultará fácil. La simplicidad es conseguir el máximo efecto en un bonsái con los mínimos recursos y aunque puede resultar difícil de alcanzar no es imposible.

Por otra parte las restricciones de trabajar con muy pocos elementos (un árbol, una maceta, unas piedras, una pequeña decoración, etc.) suponen un reto creativo, si queremos obtener los mejores resultados (bellos, innovadores).

Cuando abordamos el diseño de un bonsái, necesitamos transmitir lo primordial, eliminando todos aquellos elementos que nos distraigan del todo esencial y que nos dificulten su visión. Los bonsáis saturados y recargados confunden la percepción y complican la comprensión. En cambio, la simplicidad permite una atención directa y clara. La belleza y la elegancia se consiguen a través de la eliminación y la omisión (reducción de lo no esencial). Este criterio de simplicidad es extensible y fundamental para cualquier obra de arte japonesa tradicional influenciada por la estética Zen (wabi-sabi).

La simplicidad es la mayor de las sofisticaciones.

(Leonardo da Vinci)

Artes como la ceremonia del té, el ikebana, el sumi-e, la caligrafía japonesa, la poesía (haiku), el propio bonsái, etc., necesitan muchos años para llegar a ser dominadas. No hay nada sencillo en estas artes, aunque ejecutadas por un maestro pueden parecer hermosamente simples. Por ejemplo, un haiku (poesía tradicional japonesa, que consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos, de cinco, siete y cinco sílabas), es una forma de expresión escrita con unas normas muy estrictas, capaz de capturar la esencia y los detalles de un instante en la Naturaleza con una gran sutileza y profundidad, igual que un bonsái. Un bonsái es contar una historia como un haiku.

En definitiva, hay que pensar en “restar” y no en “añadir” (menos es más). No obstante, aunque la simplicidad es un principio importante en el diseño de un bonsái, no es en sí misma garantía de creatividad. Tampoco hay que excederse ni que el diseño llegue a ser “demasiado simple”, más bien consiste en encontrar el equilibrio más adecuado para cada caso.

José Manuel Blázquez

Propietario y Profesor / BONSAIKIDO

En España, conozco a muy pocas personas que impartan cursos de Arte Bonsái apoyándose en estas ideas o actitudes y uno de esos lugares de referencia es la Escuela Sagunt Bonsái. A su maestro, Marcial Yuste le apasiona enseñar el arte del bonsái desde ese enfoque, porque sabe con certeza que éste determinará en gran medida, que un árbol en maceta acabe atrapando nuestro corazón cuando lo contemplemos. Será la diferencia entre un árbol plantado en un tiesto y un bonsái de verdad. Si alguien desea profundizar en el arte del bonsái a ese nivel, incluso habiendo estudiado en Japón, debería quizá plantearse ser alumno de la Escuela Sagunt Bonsái, pues aprenderá a ver los bonsáis con otros ojos, a ver su esencia.

Los Olivos de Erasmo

Es justo reconocer las influencias que han podido tener ciertas personas en el camino que hayamos decido tomar. Es por ello a veces necesario aprovechar la ocasión para recordar los inicios y considerar que cosas marcaron un antes y un después en nuestro devenir. En mi caso la naturaleza y el respeto hacia ella siempre han estado muy presentes en mi vida, con lo que el descubrimiento del mundo del bonsái fue más bien una cuestión de tiempo. Por aquella época no era muy habitual ver buenos ejemplares de bonsái, que se aproximaran algo al nivel de los árboles japoneses, pero algunos dejaron huella en mí al contemplarlos. De esa época recuerdo las fotos de algunos buenos bonsáis, que despertaron la gran pasión que hoy profeso por este Arte y, sin duda, muy especialmente me vienen a la mente los olivos de Erasmo García. Esos ejemplares tenían algo ciertamente indescriptible y era innegable que sentías algo muy profundo dentro de ti cuando los observabas. Fueron esas imágenes las que me sirvieron para adquirir un gusto especial por los acebuches (Olea sylvestris) y especialmente por la variedad mallorquina de troncos tortuosos, corteza abotonada, madera imposible y hoja reducidísima. No por casualidad todos estos atributos siempre se han apreciado en bonsái, al proporcionar carácter a cada espécimen y dotarles de un aspecto de gran vejez.

Los japoneses valoran mucho los bonsáis que tienen mochikomi, es decir, que han madurado y conseguido envejecer dentro de una maceta, pues esa apariencia no se puede imitar con ninguna técnica y no queda más remedio que dejar pasar el tiempo. Y si hablamos de mochikomi con especies propias de nuestro territorio, el círculo de personas que pueden decir que han conseguido crear obras de esa índole, tras muchos años de cultivo y cuidados de un bonsái se reduce muchísimo. Traerse un árbol de Japón con estas características dependerá de la suma de dinero que estemos dispuestos a pagar, pero esa es otra historia muy distinta.

Si tenemos en cuenta todo lo dicho hasta ahora no podemos evitar hablar de Erasmo y sus olivos. Algunos de los mejores ejemplares de esta especie han sido formados por él y visitar su jardín de bonsáis siempre ha deparado sorpresas y buenos recuerdos. Yo he tenido y sigo teniendo algunos árboles suyos, porque cuando buscas olivos con alma generalmente acabas en casa de Erasmo. Gran parte del conocimiento de esta especie en bonsái, así como las técnicas más adecuadas para su modelado y formación se las debemos a él. El acebuche en bonsái es una especie muy apreciada porque tiene todo lo que un buen ejemplar ha de poseer, para considerarse de calidad (movimiento, madera, corteza, hoja pequeña, responde muy bien a los trabajos e incluso se puede llegar a disfrutar de sus flores y frutos).

Aprovecharé la ocasión para recordar aquí una frase de esas que demuestran gran sabiduría, citada por Erasmo en mi última visita con motivo de la “adopción” de uno de sus emblemáticos “hijos” y que se me ha quedado grabada en el subconsciente:

Noboru Kaneko, uno de los mejores maestros de bonsái de Japón, siempre decía que los árboles nos eligen para que los cuidemos y a ti te ha elegido “El Dragón”… Espero que tengáis una gran relación juntos, como yo la he tenido…

Así pues, sirva como homenaje esta breve entrada para agradecer todo lo que sobre esta versátil especie nos ha aportado uno de los padres del bonsái español… Y como una imagen vale más que mil palabras, a continuación os dejo una galería de algunas de las impresionantes obras con las que nos ha regalado la vista este gran maestro (Fotografías © Erasmo García):

Por si todo lo dicho anteriormente fuera poco, el año pasado uno de los bonsáis de Erasmo viajó como presente de los reyes de España a los Emperadores de Japón:

http://www.antena3.com/noticias/mundo/la-princesa-masako-participa-en-la-ceremonia-de-bienvenida-a-los-reyes-de-espana-en-japon_2017040558e4b7f50cf2abec9e0b2dcb.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/bonsai-que-viajo-cartagena-jardin-imperial-japon-5961800

Gracias, Erasmo.

Fitofortificantes y Xylella fastidiosa

A raíz de los casos recientes detectados en Baleares y el primer positivo en la Comunidad Valenciana de infección de la bacteria Xylella fastidiosa, he creído conveniente matizar algunos puntos que pueden servir de ayuda, para entender mejor cómo podemos actuar los que nos dedicamos al bonsái respecto a esta nueva amenaza. Primero conviene conocer un poco a este patógeno. Se trata de una bacteria fitopatógena, de la clase proteobacteria con gran potencial de daño sobre algunas plantas y árboles. Ataca sin curación en la actualidad a diversos géneros de utilidad económica como la vid, el olivo, el almendro, el ciruelo, el melocotonero y el limonero, así como otras especies que no producen frutos como el laurel.

Los vectores o agentes transmisores de la enfermedad son insectos chupadores que se alimentan del floema. Una vez que el vector pica y succiona en una planta infectada, las bacterias pasan a su organismo y permanecen en las estructuras de alimentación del insecto, hasta que éste se traslada a otra planta para seguir nutriéndose, momento en el que las introducirá en el nuevo huésped. Las bacterias se instalan dentro del vegetal en los vasos del xilemapor donde circula la savia bruta y allí se multiplican llegando a obstruirlo, con lo que la planta deja de recibir agua y nutrientes comenzando a marchitarse hasta secarse.

De momento no existe ningún producto fitosanitario en el mercado que ataque a estas bacterias, por lo que debe ser la propia planta con sus defensas la que al final sea capaz de aislarla y crear un nuevo sistema vascular, con el que suministrar la savia necesaria para mantener sus tejidos vivos. Y ahí es donde tienen un papel muy importante que desarrollar los productos catalogados como fitofortificantes, que no son ni más ni menos que sustancias activadores de las propias defensas de las plantas, las fitoalexinas. Si un árbol es tratado con estos compuestos, tendrá un sistema de respuesta mucho más preparado para hacer frente a cualquier ataque y es así como logrará aislar la enfermedad, si ésta se encuentra en los estadios iniciales. Gozando de mayor vigor y vitalidad también podrá regenerar con mayor facilidad los vasos conductores de savia, que le permitirán superar la enfermedad o en su caso minimizarla.

Por citar solo algunos fitofortificantes, que poseen estudios científicos que avalan su efectividad frente a patógenos complejos, nombraremos dos que no resultarán difíciles de adquirir en cualquier centro especializado. El primero y más conocido es el fosfito potásico, que ha demostrado ser un gran remedio para enfermedades de difícil erradicación como la Phytophthora y otras con las que los productos químicos convencionales tenían baja respuesta. El segundo fitofortificante es el cobre sistémico (Cu-), que al no ser de contacto como el convencional consigue penetrar en el árbol y actuar dentro de él.

Para terminar conviene no ser alarmistas, pues si consideramos que el vector es un insecto que tiene un radio de acción limitado (capacidad de vuelo y/o dispersión determinado) y que en nuestros bonsáis normalmente llevamos un calendario de aplicaciones fitosanitarias estricto, para precisamente mantener las plagas bajo control, será bastante difícil que esta afección incida directamente en nuestra afición.

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