Shin-Zen-Bi

El cultivo del bonsái, al igual que otras artes japonesas tales como la ceremonia del té o el arreglo floral (Ikebana), es considerado una práctica con claras influencias Zen. La combinación de elementos naturales, supeditados al control del hombre, evocan la meditación sobre muchos aspectos de la vida y la mutabilidad de las cosas. Un artista del bonsái trata de representar un patrón triangular, el cual proporciona balance visual y expresa la relación compartida por un principio universal, que gobierna la energía de la vida o deidad, del artista y del árbol. Acorde a la tradición, tres virtudes básicas Shin-Zen-Bi (empleados como verdad, bondad y belleza) son necesarios para crear un bonsái.

La expresión “cielo y tierra en una maceta” se refiere al hecho de que el bonsái con su tiesto y sustrato, es una entidad separada completa por ella misma, desde el momento en el que sus raíces no están plantadas en el suelo, formando parte de la naturaleza. Un bonsái siempre se planta fuera del centro de su maceta, debido a que éste simboliza el punto en el cual el cielo y la tierra se reúnen y no debe ser ocupado.

Los bonsáis tratan de acercar aquellos árboles enanos y retorcidos que crecen en cortados rocosos y acantilados. Por otro lado, lo que más valoran los japoneses en un bonsái son la apariencia del tronco (tachiagari), sus raíces expuestas (nebari) y la ramificación, elementos todos ellos, que en conjunto, expresan el concepto estético de Wabi-Sabi (nada permanece, se acaba o es perfecto). Por ello, el bonsái no trata de hacer una réplica exacta de un árbol creciendo en la naturaleza, sino que expresa un sentido estético personal y filosófico, mediante la manipulación de una planta, que trata de evocar su esencia espiritual, sin que en ella se aprecie la intervención de la mano del hombre.

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¿Cruzar o no cruzar?… Esa es la cuestión

Masahiko Kimura nunca antes ha cruzado deliberadamente un tronco. Entonces, ¿Por qué ahora su opinión ha cambiado? Cuando se le pregunta, él responde que se ha visto enormemente influenciado por la belleza de las pinturas Sumi y que los antiguos maestros japoneses de este noble arte, nunca tuvieron en cuenta si un tronco se cruzaba o no, solo se preocupaban de la belleza natural.

La pintura Sumi ha sido una fuente de inspiración para los artistas del bonsái, con sus impresionantes representaciones que siempre han perseguido capturar esa profunda apreciación de la belleza natural, la cual vive en el corazón del arte bonsái. Muchos bonsáis clásicos se han inspirado directamente en las pinturas Sumi.

Esta influencia particularmente evidente en el estilo Bunjin-gi, se convierte en el Sumi en un medio natural para representar la simplicidad, gracia y carácter de algunos de los más dramáticos árboles, que podemos encontrar en la naturaleza. Siguiendo el universo particular descrito por este gran maestro, se aborda en la Escuela el diseño de este complicado Pino Albar (Pinus sylvestris), tratando de reflejar las duras condiciones que lo han modelado a lo largo de su difícil vida.

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Shibui

Los japoneses usan la palabra “shibui” para referirse a la simplicidad, modestia y naturalidad: shibui es una belleza que atrae, encanta y cautiva. Una maceta con cualidades shibui revela la belleza del bonsái, sin eclipsarlo. Si la maceta atrae demasiado la atención, entonces ésta se convierte en el punto focal de la unión. Discreción y mesura, junto con refinamiento y el objetivo de la perfección, son la forma correcta de aproximarse con éxito a la alianza entre un bonsái y su maceta.

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Mochikomi

Es un término japonés que alude a los años de cultivo de un bonsái en una maceta. Esta palabra en resumen se refiere a la vejez y el carácter antiguo de ramas y tronco, después de haber crecido el árbol durante un largo periodo de tiempo en un tiesto. Un bonsái que es cultivado durante mucho tiempo en una maceta, alcanzará un sentido natural de sencillez y a la vez elegancia, que le llevarán a adquirir el sentido tradicional de estética japonesa denominado Wabi-Sabi. En definitiva el “Mochikomi” de un árbol, al final, será el que determine el valor de un bonsái.

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Wabi-Sabi

Este término comprende dos palabras japonesas: Wabi y Sabi.

Wabi es la estética japonesa, que trata de encontrar belleza en la simplicidad, lo frugal, para alcanzar la riqueza espiritual.

Sabi representa también un importante valor estético japonés. Significa la elegancia que fluye naturalmente de lo simple, para volverse esencia.

El Wabi-Sabi no busca crear bonsáis maravillosos, recargados… Persigue la naturalidad, la soledad, la vejez, la tranquilidad… Wabi, viene a ser en la naturaleza, la esencia de la sencillez y la simplicidad por encima de todo. Y para el que hace bonsái, la intencionalidad de reflejar esos valores, junto con los sentimientos que el árbol que trabaja le transmiten, así como del carácter de la propia persona. Sabi representa, ese pasar del tiempo que avejenta las cosas, pero que a la vez les da un carácter único, propio de sus vivencias e inclemencias soportadas…

En definitiva, es la consecución de poder trasmitir, mediante éste, las sensaciones, valores o situaciones que ha querido reflejar el autor en el árbol… Para el que lo ve (espectador), lo pueda captar, reconocer, valorar y apreciar. Se tiene “Wabi-Sabi”, cuando se logran conciliar estos dos conceptos, tanto en el que hace bonsái, como en el propio árbol. Así pues se puede llegar a tener Wabi, pero se nos puede escapar el Sabi.

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