En la Escuela Sagunt Bonsái enseñamos a nuestros alumnos a entender y respetar las maderas muertas naturales tal y como se crean en la naturaleza. En sus lugares de origen, los árboles están expuestos a una climatología adversa que provoca que las zonas muertas se desprendan de su corteza y comience una lenta erosión y descomposición, que va poco a poco eliminando las capas blandas de madera para ir descubriendo el duramen.

En el árbol que mostramos más abajo en las fotografías la madera resultaba un tanto artificial, fruto de alguna poda importante o sección del tronco. Se puede ver como carece por completo de relieves y oquedades, que aportan esa dualidad de claro-oscuros que las hacen tan interesantes.

Aspecto inicial de la madera.

Nosotros intentamos, en la medida de nuestras posibilidades a escala humana, tratar de imitar o reproducir esa forma de trabajar de la Naturaleza y por ello siempre utilizamos herramientas manuales para tallar la madera; para ir desvelando, lentamente, las texturas escondidas bajo las capas de crecimiento (anillos) del árbol.

En la imagen siguiente podemos apreciar el resultado tras medio día de trabajo y una gubia partida (no os imagináis lo dura que puede llegar a ser la madera de un olivo que podría ser ya centenario).

Con paciencia aparecen formas sugerentes.

Somos especialistas en este tipo de técnicas y ahora solo nos queda dejar las zonas creadas expuestas de nuevo durante un par de años más a la intemperie, para que con los procesos de dilatación/contracción y la alternancia de sol/calor y frío/humedad, consigamos devolverle esa pátina gris tan característica de la madera envejecida.