Hoy nos hemos enfrentado al diseño de este viejo árbol que ha cultivado durante muchos años su propietaria, pero que nunca nadie ha sabido encontrarle el potencial para llevarlo por el camino del bonsái. Anteriormente se le han ido haciendo algunos trabajos sin una idea clara y como se puede ver en las fotos el material había llegado a un punto, que parecía más un árbol de jardín que una obra que trasmitiera la imagen de un vetusto ejemplar de Sabina China (Juniperus chinensis).

En cuanto me ofrecieron la posibilidad de formarlo, lo primero que tuve claro es que para conseguir el objetivo buscado se debían añadir elementos que le aportarán vejez. Las sabinas de calidad siempre muestran jines y sharis, pues donde crecen en la naturaleza expuestos a los rigores del clima lo habitual es que los individuos más longevos acaben mostrando tales atributos. Para ello era necesario aportar credibilidad a los jines que ya presentaba, por lo que se decidió crear un shari longitudinal por todo el tachiagari que los uniera, rematándolo en el ápice con con pequeño ten-jin a modo de detalle sutil.

El verde había sido descuidado durante años por lo que tocaba hacer una selección de ramas y disponer las masas no muy voluminosas donde predominarán los espacios vacíos, para lograr esa estampa de árbol sagrado a las puertas de una pagoda o templo japonés…

Aún le quedan unos años de madurez, para compactar la vegetación y adquirir ese aspecto tan deseado en un bonsái cultivado durante decadas, para los que los japoneses se reservan el término de Mochikomi.

Esperemos con el tiempo lograr la premisa planteada…