Filosofía

José Manuel Blázquez / BONSAIKIDO

La creatividad (y la imaginación) no son una exclusividad de los artistas (pintores, escultores, músicos…), ni de los maestros de bonsái. No por casualidad, una buena parte del éxito en el diseño de un bonsái y de la consecución de buenos resultados se debe en gran medida a:

• Saber ver: componer (dibujar, pintar, esculpir, diseñar un bonsái, etc.) está directamente relacionado con saber ver. En la vida diaria actuamos con rapidez frente a todo lo que hay a nuestro alrededor, pero para crear o diseñar un bonsái (o cualquier obra de arte) es necesario bajar ese ritmo y no solo limitarnos a mirar los árboles que nos rodean en la naturaleza, sino a verlos de verdad, como si fuera la primera vez que nos encontráramos frente a ellos. Esta capacidad mejorará nuestra percepción del mundo que nos envuelve, especialmente de los árboles. Además, cuanto más entrenemos la vista, más deslumbrantes encontraremos los detalles que narrarán la historia de esos árboles y será entonces cuando las cosas más insignificantes se volverán bellas (cortezas, ramas, etc.).

• Tener una actitud positiva: olvidarse del “no puedo” y pensar lo que en realidad “estoy aprendiendo”. Los diseños y composiciones de un bonsái no suelen salir bien a la primera, hay que ser constantes y aprender de los que ya saben.

• Ser entusiasta: volcando toda nuestra pasión, imaginación y espíritu en lo que estamos haciendo, impulsaremos la creatividad del diseño de nuestro bonsái.

• Equivocarse: no hay que tener miedo a cometer errores, de hecho estos son necesarios para avanzar en el aprendizaje. Sobre todo hay que evitar el miedo a lo que otros puedan pensar. Lo importante es no cerrar nuestra mente al proceso de exploración, pero desde el conocimiento, no desde la improvisación.

• Descansar: detenerse a pensar sin hacer nada y parar un poco el ritmo es importante para conseguir buenos diseños con un bonsái. Las mejores ideas y la creatividad surgen en momentos en los que estamos alejados de nuestros pensamientos y desafíos diarios.

En situaciones en las que “perdemos el tiempo” en nosotros, las cosas fluyen con más calma y vemos los árboles que nos rodean de forma distinta. En esos instantes nuestra creatividad recarga las baterías y se pone a trabajar. La percepción, un sexto sentido, y la intuición se manifiestan en el diseño de nuestros bonsáis.

• Buscar la naturalidad (shizen): evita los diseños demasiado elaborados y refinados. Esto plantea cierta dificultad y autocontrol, mientras que el exceso y la complicación son más fáciles y comunes. Tampoco requieren demasiados procesos de reflexión ni creatividad.

• Buscar la simplicidad (kanso): los mejores profesionales y aficionados siempre están buscando la solución más simple para el problema más complejo. Si todo es importante, entonces nada lo es. Es fundamental reducir los elementos (ramas, volúmenes, etc.) para quedarse sólo con lo esencial.

Es importante no confundir simple con simplista o simplismo, o la simplicidad del diseño de un bonsái que surge de la pereza o la ignorancia, sino del deseo inteligente de claridad, franqueza, sutileza, etc. que nos hace llegar a la esencia de las cosas, lo que a veces no resultará fácil. La simplicidad es conseguir el máximo efecto en un bonsái con los mínimos recursos y aunque puede resultar difícil de alcanzar no es imposible.

Por otra parte las restricciones de trabajar con muy pocos elementos (un árbol, una maceta, unas piedras, una pequeña decoración, etc.) suponen un reto creativo, si queremos obtener los mejores resultados (bellos, innovadores).

Cuando abordamos el diseño de un bonsái, necesitamos transmitir lo primordial, eliminando todos aquellos elementos que nos distraigan del todo esencial y que nos dificulten su visión. Los bonsáis saturados y recargados confunden la percepción y complican la comprensión. En cambio, la simplicidad permite una atención directa y clara. La belleza y la elegancia se consiguen a través de la eliminación y la omisión (reducción de lo no esencial). Este criterio de simplicidad es extensible y fundamental para cualquier obra de arte japonesa tradicional influenciada por la estética Zen (wabi-sabi).

La simplicidad es la mayor de las sofisticaciones.

(Leonardo da Vinci)

Artes como la ceremonia del té, el ikebana, el sumi-e, la caligrafía japonesa, la poesía (haiku), el propio bonsái, etc., necesitan muchos años para llegar a ser dominadas. No hay nada sencillo en estas artes, aunque ejecutadas por un maestro pueden parecer hermosamente simples. Por ejemplo, un haiku (poesía tradicional japonesa, que consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos, de cinco, siete y cinco sílabas), es una forma de expresión escrita con unas normas muy estrictas, capaz de capturar la esencia y los detalles de un instante en la Naturaleza con una gran sutileza y profundidad, igual que un bonsái. Un bonsái es contar una historia como un haiku.

En definitiva, hay que pensar en “restar” y no en “añadir” (menos es más). No obstante, aunque la simplicidad es un principio importante en el diseño de un bonsái, no es en sí misma garantía de creatividad. Tampoco hay que excederse ni que el diseño llegue a ser “demasiado simple”, más bien consiste en encontrar el equilibrio más adecuado para cada caso.

José Manuel Blázquez

Propietario y Profesor / BONSAIKIDO

En España, conozco a muy pocas personas que impartan cursos de Arte Bonsái apoyándose en estas ideas o actitudes y uno de esos lugares de referencia es la Escuela Sagunt Bonsái. A su maestro, Marcial Yuste le apasiona enseñar el arte del bonsái desde ese enfoque, porque sabe con certeza que éste determinará en gran medida, que un árbol en maceta acabe atrapando nuestro corazón cuando lo contemplemos. Será la diferencia entre un árbol plantado en un tiesto y un bonsái de verdad. Si alguien desea profundizar en el arte del bonsái a ese nivel, incluso habiendo estudiado en Japón, debería quizá plantearse ser alumno de la Escuela Sagunt Bonsái, pues aprenderá a ver los bonsáis con otros ojos, a ver su esencia.

Tributo a Peter Adams

Sirva esta galería de dibujos realizados por Peter Adams, como homenaje de reconocimiento a quién considero uno de mis maestros, que tanto me ha enseñado sobre Estética y Diseño en Arte Bonsái. ¡Gracias Peter, allá donde estés!

Gei y Aji

Cuando se admira un bonsái en Japón se alaba su GEI o su AJI. GEI significa movimiento y AJI hace referencia a sabor o deleite. Ésta es una característica muy importante, que sólo algunos árboles poseen. El GEI en este Olea sylvestris identifica el peculiar Shari, que en la curva adquiere una asombrosa forma de “ala”, como si de un junípero se tratara.

El Ten-Jin añade AJI, complementándose a la perfección con el resto de elementos que al mirarlos nos trasladan a un rincón salvaje de la naturaleza, para en definitiva elevar su belleza a cotas muy altas.

Un Bonsái ha de Contar una Historia

Un bonsái debe contar una historia. Como artistas del Arte Bonsái debemos buscar inspiración en los modelos naturales y más concretamente en nuestros objetos de estudio: el árbol y la naturaleza. Pero no se trata de copiar la forma de una especie vegetal concreta, hay que ir un paso mas allá y tomando como base el patrón de crecimiento de una planta, lo que se debe perseguir y alcanzar es su idealización, porque sino la creación de una obra de arte acabará convirtiéndose en una burda copia. Habitualmente oigo a gente que intenta impresionar sobre sus conocimientos respecto a este noble arte (por otro lado habitual), decir la máxima cuando observan un bonsái que “ese bonsái no parece un árbol de la naturaleza“. A esas personas habría que decirles que cuando un maestro crea un bonsái, no persigue que éste acabe convirtiéndose en una imagen espejo de un árbol real, sino una combinación de elementos que recreen una sensación en el espectador… En definitiva, trata de escribir la historia que refleje las situaciones y vivencias por las que ha pasado ese ser vivo.

También estoy muy acostumbrado a ver especies que nada tienen que ver con un Pino (muchos caducos), formarse con ramas totalmente inclinadas y copas completamente triangulares, cual productos sacados de una cadena de una fábrica de producción en serie. No daré nombres pero hay muchos… sólo hay que echar un vistazo en las redes sociales… todo esto indica una cosa: falta de creatividad. Alguien encuentra un estilo y una forma que se le dan bien y con los que se encuentra a gusto y no arriesga, que le sirven para lucirse ante los aficionados, que se pirran por un tronco grueso, una madera espectacular y un verde lustroso, sin ver más allá; cuantas veces he oído decir ese bonsái es espectacular, tiene una ramificación impresionante; y yo me digo a mí mismo, todo eso no deja de ser simple jardinería, que con un buen conocimiento del cultivo de una especie se puede alcanzar.

Y no le resto méritos a nadie, pero vamos a ser precisos (algo que me encanta). Eso no es Arte Bonsái. Y sé que mis palabras pueden levantar ampollas, pero me da igual, porque estoy ya un poco cansado que alguien hable de Arte Bonsái y no sepa lo que es el punto focal, el equilibrio dinámico, los espacios vacíos, la profundidad, las asimetrías, la unicidad, el ritmo, la importantísima armonía y tantas otras cosas, que cualquier artista de otra especialidad conoce, trabaja y domina a la perfección. Y la pregunta es: ¿cuánto nos impresiona ver los bonsáis japoneses en las exposiciones de renombre? Y, ¿cuánta gente ha sentido curiosidad o se ha adentrado en el mundo del bonsái al ver estas obras de arte? Los maestros japoneses llevan años trabajando todas estas cuestiones y ahí están sus resultados. El problema es que en Japón no se habla de la teoría, sino que miras cómo trabaja un maestro y si eres perspicaz y te fijas bien acabas aprendiendo el oficio. Ellos tienen fuertemente impregnado en su cultura todos estos cánones de belleza (tan alejados del orden, la simetría y la perfección que tanto gusta en Occidente) y no necesitan estudiarlos para aplicarlos, pues emanan de forma natural desde lo más profundo de su corazón y alma.

Y entonces ahora, ¿cómo debemos proceder? La respuesta es sencilla. Mira y busca qué bonsáis son los que más te cautivan y luego estudia, estudia, estudia y analiza en profundidad todos sus elementos que no estarán ahí por casualidad. Al fin y al cabo, el bonsái si se considera Arte, no se alejará mucho de la estética que persiguen otras disciplinas artísticas como la pintura, la fotografía o la escultura, por citar sólo algunos ejemplos. Habrán sido creados por alguien que domina las técnicas, pero que no sólo se queda en ellas, sino que busca despertar las sensaciones y emociones de quien lo observa, para dejar a un lado su condición de objeto y elevarse para alcanzar su dimensión como una obra de arte.

Bonsáis Onigiri

La tan recurrente forma excesivamente triangular con la que muchos diseñan sus bonsáis, es una costumbre que hay que tratar de evitar a toda costa. El gran maestro Kunio Kobayashi denomina a estos bonsáis como “Bonsáis Onigiri”, por su analogía con las croquetas que se elaboran con arroz en forma de triángulo típicas de Japón. Cuando modelemos un bonsái intentaremos jugar con los espacios vacíos, las asimetrías y los equilibrios dinámicos, para no caer en esa tendencia errónea, que aportaría un aspecto excesivamente artificial al árbol en detrimento de su naturalidad.

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Como un Hijo…

Poco a poco va adquiriendo el aspecto deseado… Aún faltan bastantes años para alcanzar el objetivo perseguido de lograr Wabi-Sabi, Mochikomi y Shibui, pero con el suficiente tiempo esperamos conseguirlo…

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Inspiración

img_5491La mayoría de los que nos dedicamos al Arte Bonsái somos unos apasionados de la Naturaleza y los que hemos tenido suerte, incluso hemos crecido estudiándola y viviendo parte de nuestra tiempo en ella. Cuando te dedicas a profundizar en el diseño de los bonsáis, una gran fuente de inspiración suele ser la Madre Naturaleza, que con sus formas únicas, raras y caprichosas resulta imposible de imitar. Para hacer buenos bonsáis es imprescindible de vez en cuando salir y entrar en contacto con ella, para captar su esencia y utilizarla en beneficio de nuestra afición, pues en definitiva lo que perseguimos con este Arte no es otra cosa, que representar de forma idealizada un rincón salvaje y natural.

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En el interior de la provincia de Castellón existe una población milenaria de Olivos (Olea europea) protegidos y catalogados como patrimonio natural mundial. Siempre resulta muy interesante acercarse a contemplar estos vetustos supervivienvientes, que han sido testigos de innumerables épocas históricas y que permanecerán para tiempos pretéritos.

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Mesas de Exposición

De mesas…

img_4792La mejor forma de hacer justicia a un bonsái maduro es presentarlo en una mesa especialmente confeccionada, que le proporcione un aspecto de grandeza, comparable con el de una peana de una escultura.

Al igual que con las macetas de bonsái, las mesas no pueden seleccionarse al azar. Éstas han de ser las correctas, y con ellas se ha de conseguir mejorar aún más la imagen del árbol. Muchos aficionados prefieren las que están hechas específicamente para cada árbol. Indagando un poco en la historia, muchos años atrás en China y posteriormente en Japón, las tablas de escritura eran muy usadas para mostrar objetos valiosos. Éstos eran colocados en una posición preeminente de la casa, para recibir a los invitados y dedicarles un gesto de deferencia y respeto. Posteriormente, estas mesas comenzaron a utilizarse para exhibir bonsáis y por ello se creó la necesidad de que evolucionaran, para cumplir con las necesidades de estilo de los diferentes bonsáis. Y así empezaron a fabricarse mesas originales y exclusivas para bonsái. Es importante recordar, que en Japón en las casas tradicionales japonesas, lo habitual es sentarse en el suelo y mirar un bonsai a la altura correcta, por eso es lógico colocarlo en una mesa baja.

Trinidad

Una mesa que ha sido diseñada individualmente para un bonsai de un estilo determinado, no solo se convierte en un objeto más, sino que forma un elemento esencial de la composición, validando la trinidad: bonsai, piedra y pergamino. Recientemente a las mesas hechas a medida para bonsái, se las ha empezado a considerar una parte importante de la presentación de los árboles, en las exhibiciones y su riqueza de formas empieza a ser sorprendente. Se pueden encontrar mesas redondeadas, rectangulares, altas, estrechas, de estilos minimalistas, simples y funcionales (como las japonesas) o llenas de grabados y principalmente de formas redondeadas (como las chinas). Junto a la maceta y a su mesa, el árbol forma en definitiva una trinidad.

Cuando vamos a exponer un bonsái, normalmente lo primero que se hace es elegir una maceta en función de su tamaño, altura, color y forma, que resulte más adecuada para el árbol y por ello también debemos seleccionar una mesa que complemente con el árbol y la maceta, con lo que el conjunto estará completo.

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Diferentes estilos de bonsái requieren mesas que hagan justicia al árbol. Por ese motivo se necesitará un tipo de mesa diferente para mostrar un bosque (Yose-ue), un inclinado (Shakan), un cascada (Kengai), un literati (Bunjigi) o un vertical informal (Moyogui), por citar algunos ejemplos. El color de la mesa es también de extrema importancia. El rojo oscuro o el color cereza, puede no encajar con todas las especies de árbol. Un color más natural, tal como el del palosanto (palo rosa) o la madera de cerezo, serán una mejor elección en muchos casos.

El barniz muy oscuro tiende a distraer nuestra atención del árbol, por eso se elegirá un color más neutral, siendo ésta una opción mucho mejor en composiciones de bonsáis pequeños (Shohin). Su combinación con plantas de acento (sobre lajas o jiitas) y el uso con cada árbol de una mesita individual distintiva y única, añadirá más variación a la muestra, proporcionando el toque definitivo a la presentación.

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Espacios Vacíos en Bonsái

Todo bonsái necesita espacios vacíos. El pintor Mondriaan una vez dijo: “azul es azul cuando tú también ves rojo”. Al igual ocurre con el volumen; una rama es una rama, cuando ésta está rodeada por espacio abierto. Los espacios vacíos, al mismo tiempo, son muy importantes para mantener la salud de un árbol, y por ello se han de mantener los pisos formados por masas de verde lo suficientemente planas, eliminando aquellos brotes que nazcan verticales o hacia bajo. Incluso en el estilo escoba, hay capas dentro de la copa, que deben adoptar una disposición ligeramente inclinada y no mostrarse horizontales. Las ramas que crecen por encima de otras, deben permitir que la luz y el aire pasen sin dificultad, para llegar al resto del follaje. Por eso es importante mirar bien el árbol desde todos los ángulos, para estar seguros que las ramas no se colocan unas muy cerca de las otras, o las más bajas permanecen en la sombra, ya que con el tiempo perderán vigor y se debilitarán, pudiendo llegar a secarse.

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Bonsái como Arte

Se ha extendido tanto el término Bonsái, que su uso se ha generalizado. Esto tiene un lado positivo y otro negativo. El bueno, es que cada vez hay más personas que conocen su existencia y eso es importante para crear afición y darlo a conocer. El malo es que se desvirtúa mucho lo que en realidad es un bonsái, que no deja de ser otra cosa que una obra de arte, que normalmente lleva implícitas unas normas y reglas estéticas, que consiguen mejorar su percepción visual y aumentar su belleza. Cuando esto ocurre, suele perderse por el camino parte de su comprensión y significado.

El Bonsái, al igual que toda disciplina artística que se precie, busca como objetivo final captar la atención del observador y eso no suele ocurrir por casualidad. Además, el bonsái como arte tiene una historia reciente, de apenas cien años, pues antes solo era considerado más bien como una práctica de jardinería. Al ser tan joven, si lo comparamos con el resto de modalidades artísticas, intenta avanzar más rápido y ganar el tiempo perdido, tomando prestados los conceptos que se usan en otras artes, para llevarlos al bonsái y aplicarlos en su beneficio. En bonsái no vale todo, pues lo que se persigue es realzar al máximo los atributos de un árbol, para que al mirarlo despierte nuestro interés y nos provoque sensaciones… Y eso no se consigue por azar. Todo bonsái de calidad debe cuidar los diferentes elementos que lo componen, para crear una imagen idealizada de un viejo y majestuoso árbol perdido en un rincón de naturaleza, que nos hable de sus años vividos y consiga atrapar nuestros sentimientos. Y todo esto no llega por casualidad.

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Se ha estudiado mucho sobre la percepción visual en las personas y cómo vemos las obras de arte. En bonsái parte de este análisis se lo debemos a un gran desconocido en Occidente, que publicó una serie de artículos en la prestigiosa revista japonesa sobre bonsái, denominada Kinbon Bonsai Magazine. Seya Takeshi nos habla muy claramente de cómo se debe trabajar y qué partes se deben potenciar, para conseguir que un árbol cultivado en una maceta, acabe convirtiéndose en una obra de arte. A continuación vamos a definir qué aspectos considera este autor imprescindibles, para que un bonsái alcance su plenitud:

El primero es el desarrollo de la teoría del espacio vacío

A este apartado Seya dedica muchas páginas, porque la elegancia del espacio vacío determina la calidad del bonsái. Además, el aprendizaje del sentido del espacio vacío, es básico para entrar en el mundo del bonsái, en el recinto del arte.

El segundo, es la teoría del movimiento de los bonsáis

Los bonsáis han de mostrar la energía en movimiento, o a punto de hacerlo. La creación del movimiento de los bonsáis como él explica, no es un equilibrio de pesos, sino un equilibrio de vectores. Un bonsái que parece que está apunto de moverse es un bonsái que tiene ritmo. También dice que para conseguirlo, hay que entender bien la fuerza que se esconde detrás de cada curva, y la que hace cada rama. A los bonsáis que no muestran este movimiento o ritmo, aunque tengan las ramas y hojas muy sanas y vigorosas, les faltará vitalidad y seguro que también carecerán de sentido artístico.

Y el tercero y final: hay que evitar las simetrías de izquierda a derecha y de arriba abajo

La razón principal por la que hay que evitar las simetrías, es que así se frena el movimiento y ritmo de cada árbol. Además, si consideramos que los bonsáis se plantan en una maceta simétrica, se ponen encima de una mesa también simétrica, y se colocan en un Tokonoma también simétrico, la simetría del árbol se fundiría en un mar de repeticiones. En la creación de una obra de arte, incluido el lugar donde se expone, hay que evitar la repeticiones porque resultan monótonas y aburridas. En cambio el contraste de la asimetría es una técnica de creación. Para poner un ejemplo, la belleza del contraste se encuentra cuando miramos los jardines famosos, entre el paisaje del fondo que suele ser asimétrico y las construcciones que suelen ser simétricas. Así, todo el mundo se emociona al contemplarlos, y se destaca la magnificencia de su aspecto. Si lo pensamos, la manera de exponer los bonsáis entra en esta misma teoría.

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