Filosofía

29 08 2018

La Realidad Siempre Supera la Ficción

Por |29 agosto 2018|Filosofía|Sin comentarios

Hoy nos toca hablar de árboles singulares y no podemos dejar de mencionar La Sabina de El Hierro (Juniperus turbinata subespecie canariensis), localizada en la isla del mismo nombre dentro del Archipiélago Canario (España). Se trata de un árbol pequeño endémico de Canarias y Madeira, variante de la Sabina Mediterránea (Juniperus phoenicea). Es una de las especies más importantes del bosque termófilo donde forma sabinares. Es símbolo vegetal de El Hierro donde le tienen un especial cariño. Azotadas implacablemente por los vientos atlánticos, las sabinas de este islote muestran un espectáculo sin igual: caprichosas formas donde las raíces se confunden con las ramas, retorcidos portes que se arrastran a ras de suelo y extrañas figuras que parecen extraídas de una obra surrealista de Dalí. Ejemplares salvajes y extremos como estos son los que nos hacen comprender que siempre seremos unos meros aprendices, con mucho que aprender de la gran Maestra que es la Naturaleza…

© Gobierno de Canarias
21 06 2018

Mis Tesoros

Por |21 junio 2018|Filosofía|Sin comentarios

Aprovecho la ocasión para mostraros estas dos pequeñas joyitas de mi colección, que me llenan en cuerpo y alma, alimentando ese lado salvaje que llevo dentro y que tanto me inspira en mis creaciones de bonsái… Expresan muy bien la naturaleza que tanto amo y sin la cual la vida en este Planeta no sería posible, aunque muchos quizá no hayan caído en la cuenta de semejante disyuntiva.

¡Ah!, son de Bigei…

7 04 2018

Bunjin, Arte en su Máxima Expresión

Por |7 abril 2018|Filosofía|Sin comentarios

LITERATI

En la línea tinta del horizonte
sobre un cielo de papel, inexplicable,
la rúbrica de tu tronco se delinea.
Desde la raíz el trazo vivo, áspero y leñoso,
asimétrico se eleva.

El viento te cincela
el tiempo como fuego te obliga,
a seguir el metro de una poda
sin sentido ni medida,
hoy rompe el compás de la rama,
mañana te corta la guía,
y aún así mantienes firme el gesto,
bajas caprichoso, obligado giras,
derramándote en torrente,
ascendiendo en el aire como una herida,
te detienes súbitamente en la punta, en el ápice,
y allí estallan y se abren
redondas muchedumbres,
como soles de hojas brillan
y cubren todo lo posible del dibujo y la línea.

El aire luminoso murmura en la fronda,
despeinados crisantemos en la brisa.
Tiembla el papiro
con el árbol de tu firma.

Miguel Vaquera

16 07 2017

José Manuel Blázquez / BONSAIKIDO

Por |16 julio 2017|Filosofía|Sin comentarios

La creatividad (y la imaginación) no son una exclusividad de los artistas (pintores, escultores, músicos…), ni de los maestros de bonsái. No por casualidad, una buena parte del éxito en el diseño de un bonsái y de la consecución de buenos resultados se debe en gran medida a:

• Saber ver: componer (dibujar, pintar, esculpir, diseñar un bonsái, etc.) está directamente relacionado con saber ver. En la vida diaria actuamos con rapidez frente a todo lo que hay a nuestro alrededor, pero para crear o diseñar un bonsái (o cualquier obra de arte) es necesario bajar ese ritmo y no solo limitarnos a mirar los árboles que nos rodean en la naturaleza, sino a verlos de verdad, como si fuera la primera vez que nos encontráramos frente a ellos. Esta capacidad mejorará nuestra percepción del mundo que nos envuelve, especialmente de los árboles. Además, cuanto más entrenemos la vista, más deslumbrantes encontraremos los detalles que narrarán la historia de esos árboles y será entonces cuando las cosas más insignificantes se volverán bellas (cortezas, ramas, etc.).

• Tener una actitud positiva: olvidarse del “no puedo” y pensar lo que en realidad “estoy aprendiendo”. Los diseños y composiciones de un bonsái no suelen salir bien a la primera, hay que ser constantes y aprender de los que ya saben.

• Ser entusiasta: volcando toda nuestra pasión, imaginación y espíritu en lo que estamos haciendo, impulsaremos la creatividad del diseño de nuestro bonsái.

• Equivocarse: no hay que tener miedo a cometer errores, de hecho estos son necesarios para avanzar en el aprendizaje. Sobre todo hay que evitar el miedo a lo que otros puedan pensar. Lo importante es no cerrar nuestra mente al proceso de exploración, pero desde el conocimiento, no desde la improvisación.

• Descansar: detenerse a pensar sin hacer nada y parar un poco el ritmo es importante para conseguir buenos diseños con un bonsái. Las mejores ideas y la creatividad surgen en momentos en los que estamos alejados de nuestros pensamientos y desafíos diarios.

En situaciones en las que “perdemos el tiempo” en nosotros, las cosas fluyen con más calma y vemos los árboles que nos rodean de forma distinta. En esos instantes nuestra creatividad recarga las baterías y se pone a trabajar. La percepción, un sexto sentido, y la intuición se manifiestan en el diseño de nuestros bonsáis.

• Buscar la naturalidad (shizen): evita los diseños demasiado elaborados y refinados. Esto plantea cierta dificultad y autocontrol, mientras que el exceso y la complicación son más fáciles y comunes. Tampoco requieren demasiados procesos de reflexión ni creatividad.

• Buscar la simplicidad (kanso): los mejores profesionales y aficionados siempre están buscando la solución más simple para el problema más complejo. Si todo es importante, entonces nada lo es. Es fundamental reducir los elementos (ramas, volúmenes, etc.) para quedarse sólo con lo esencial.

Es importante no confundir simple con simplista o simplismo, o la simplicidad del diseño de un bonsái que surge de la pereza o la ignorancia, sino del deseo inteligente de claridad, franqueza, sutileza, etc. que nos hace llegar a la esencia de las cosas, lo que a veces no resultará fácil. La simplicidad es conseguir el máximo efecto en un bonsái con los mínimos recursos y aunque puede resultar difícil de alcanzar no es imposible.

Por otra parte las restricciones de trabajar con muy pocos elementos (un árbol, una maceta, unas piedras, una pequeña decoración, etc.) suponen un reto creativo, si queremos obtener los mejores resultados (bellos, innovadores).

La simplicidad es la mayor de las sofisticaciones.

(Leonardo da Vinci)

Artes como la ceremonia del té, el ikebana, el sumi-e, la caligrafía japonesa, la poesía (haiku), el propio bonsái, etc., necesitan muchos años para llegar a ser dominadas. No hay nada sencillo en estas artes, aunque ejecutadas por un maestro pueden parecer hermosamente simples. Por ejemplo, un haiku (poesía tradicional japonesa, que consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos, de cinco, siete y cinco sílabas), es una forma de expresión escrita con unas normas muy estrictas, capaz de capturar la esencia y los detalles de un instante en la Naturaleza con una gran sutileza y profundidad, igual que un bonsái. Un bonsái es contar una historia como un haiku.

© Ullastre de Pep Ferragut (Palma de Mallorca).

En definitiva, hay que pensar en “restar” y no en “añadir” (menos es más). No obstante, aunque la simplicidad es un principio importante en el diseño de un bonsái, no es en sí misma garantía de creatividad. Tampoco hay que excederse ni que el diseño llegue a ser “demasiado simple”, más bien consiste en encontrar el equilibrio más adecuado para cada caso.

Cuando abordamos el diseño de un bonsái, necesitamos transmitir lo primordial, eliminando todos aquellos elementos que nos distraigan del todo esencial y que nos dificulten su visión. Los bonsáis saturados y recargados confunden la percepción y complican la comprensión. En cambio, la simplicidad permite una atención directa y clara. La belleza y la elegancia se consiguen a través de la eliminación y la omisión (reducción de lo no esencial). Este criterio de simplicidad es extensible y fundamental para cualquier obra de arte japonesa tradicional influenciada por la estética Zen (wabi-sabi).

En España, conozco a muy pocas personas que impartan cursos de Arte Bonsái apoyándose en estas ideas o actitudes y uno de esos lugares de referencia es la Escuela Sagunt Bonsái. A su maestro Marcial Yuste le apasiona enseñar el arte del bonsái desde ese enfoque, porque sabe con certeza que éste determinará en gran medida que un árbol en maceta acabe atrapando nuestro corazón cuando lo contemplemos. Será la diferencia entre un árbol plantado en un tiesto y un bonsái de verdad. Si alguien desea profundizar en el arte del bonsái a ese nivel, incluso habiendo estudiado en Japón, debería quizá plantearse ser alumno de la Escuela Sagunt Bonsái, pues aprenderá a ver los bonsáis con otros ojos, a ver su esencia.

José Manuel Blázquez
Propietario y Profesor
Bonsaikido
www.bonsaikido.com