Niveles del Expositor

En el Arte del Bonsái la Naturaleza se utiliza frecuentemente como fuente de inspiración. Es por eso que no resulta casual, cuando vamos a exponer una composición de varios elementos, utilizar la distribución que observamos de ellos en su medio natural. Así, los árboles caducos que crecen en zonas menos elevadas, los colocaremos en los estantes más bajos. Los Pinos y Juníperos, que viven en zonas alpinas, los ubicaremos en las partes más altas de la mesa. El resto de objetos (Tenpai, Suiseki, Kusamono) seguirán una distribución coherente, para que el conjunto resulte armonioso y cuente una historia creíble.

Conceptos para la presentación de diferentes objetos de arte: 1. Estantería principal con niveles asimétricos; 2. Expositor asimétrico dividido para la presentación auxiliar; 3. Niveles del expositor superior, medio y bajo; 4. Área gráfica de un espacio de la estantería; 5. Área gráfica de un objeto de la exposición; 6. Altura de un elemento de exposición con una mesa; 7. Altura disponible para el emplazamiento; 8. Expositor para presentación complementaria.

La conexión de los puntos visuales de gravedad de tres objetos próximos, unidos por líneas imaginarias, deberá siempre resultar en un triángulo escaleno asimétrico.

Si nos fijamos en cómo se distribuyen las especies vegetales en una montaña, veremos qué árboles y plantas ocupan pisos bioclimáticos bien definidos. Podremos seguir este patrón, para dotar a la composición de mayor naturalidad.

Ichi-no-eda vs Sashi-eda

La primera rama de un bonsái no es necesariamente la más gruesa, larga y llamativa. En esos casos, a esa rama que en orden ascendente ocupa una posición más baja, con respecto a las raíces (nebari), se le llama ichi-no-eda y la más importante entonces recibe el nombre de sashi-eda. La primera rama (ichi-no-eda), a veces también será la más potente y de mayor carácter (sashi-eda), en otras ocasiones no será así y cada una asumirá un papel distinto. Puede ocurrir que la primera rama sea más pequeña que otras más altas, convirtiéndose en un problema de difícil solución, pues la sashie-da que se localizará cerca no la dejará crecer lo necesario, al robarle parte de los nutrientes que le permitirían desarrollarse hasta alcanzar las proporciones adecuadas.

Bonsái con primera rama a izquierda (ichi-no-eda) y rama principal a derecha (sashi-eda).

La rama más baja a la derecha asume el papel de ichi-no-eda y sashi-eda (dibujos: © Nacho Marín).

Evolución del “Rinoceronte”

A este Ullastre (Olea sylvestris) se le dio la vuelta por completo a la copa en un primer taller, para el que incluso hubo que utilizar rafia en algunas ramas ya demasiado gruesas, evitando así el peligro de una posible rotura. Hoy, tras un trabajo de refinado y puesta a punto, sigue su camino… ¡Llegará lejos!

Aspecto de este Ullastre apodado “El Rinoceronte” cuando se adquirió.

Estado actual tras posicionar ramas y brotes mediante el alambrado.

Nuevos Zapatos para un Junípero

Hoy hemos realizado un Taller para colocar una maceta más adecuada al estilo de este Juniperus chinensis, que ya se trabajó anteriormente en la Escuela (ver El Junípero de Kike). Además, se ha aprovechado para crear un Shari que recorriera la parte media-alta del tronco y que aportara continuidad al ya existente en la base mejorando su movimiento, así como su dinamismo. A continuación se muestra el resultado de los trabajos:

Shari creado en la parte media-alta del tronco para mejorar su dinamismo.

Trasplante a una maceta de autor japonesa procedente del horno Tokoname (Ceramista: Shibakatsu).

Triangularidad

En la cultura japonesa, de entre todas las formas posibles de un objeto, el triángulo es considerado el que trasmite mejor un equilibrio dinámico. Esta particularidad, nos servirá para conseguir dotar a un árbol cuando lo diseñemos de un movimiento armónico, necesario si queremos crear un bonsái que transmita paz, tranquilidad, serenidad y nos resulte bello. Además, si nos fijamos, los vértices de un triángulo simbolizan a la perfección la tríada taoísta tan presente en la mentalidad oriental: cielo, tierra y hombre. No es por casualidad, entonces, que en bonsái el triángulo esté representado tanto en las masas de follaje y en el perfil de la copa, como en el conjunto árbol-maceta e incluso cuando se exhibe junto con la mesa, la planta de acento (Kusamono) y si resulta pertinente también con otros elementos expositivos (Kakemono, Suiseki, Tenpai…). Aún así, no se trata de crear triángulos sin más, el bonsái es un arte y como tal, necesita tener en cuenta otros muchos aspectos. Habrá que intentar evitar conformar triángulos demasiado perfectos, pues afectará a la sensación de naturalidad que todo árbol debe mostrar, para conseguir en definitiva recrear una escena que nos traslade con la mente a un rincón de la naturaleza, aunque eso sí buscando siempre la idealización de sus formas. No se pretende obtener réplicas exactas en miniatura de árboles creciendo en su medio natural, ya que si se obtiene una burda copia, la esencia del arte acabará desvaneciéndose. Tampoco debemos dar formas muy simétricas a esos triángulos, pues todo bonsái resultará mucho más estético si trabajamos sus elementos para buscar asimetrías, propias de cualquier estructura natural, con lo que evitaremos caer en la artificialidad. Por último, es imprescindible conocer bien y estudiar el patrón de crecimiento y las formas naturales de cada especie, para utilizarlas como guía y conseguir así que el resultado final sea mucho más creíble, satisfactorio y logre extraer el máximo potencial al material de partida.

En estos bonsáis se aprecian los triángulos de forma más sutil, pero están presentes y se repiten dentro de su diseño.

En estas composiciones de bonsáis se puede observar que los triángulos aparecen tanto en las masas de follaje, como en el perfil de la copa y en la unión del árbol con su maceta.

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