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1 08 2018

Buxus Yamadori

Por |1 agosto 2018|Alumnos|Sin comentarios

Días atrás, paseando por unas calles cercanas, vi un jardín abandonado donde la hierba había crecido libre y las plantas de su interior se mostraban exuberantes, extendiéndose sin orden ni control. Atrapado entre una Glicina (Wisteria sinensis) y una serie de arbustos intentaba salir adelante un Boj (Buxus sempervirens), que en su lucha por la búsqueda de luz y aire ya había perdido varias ramas gruesas. Teniendo en cuenta que en esta época en Argentina estamos a mitad de invierno y en mi localidad las heladas más severas ya pasaron, esperándose tan sólo algún episodio frío moderado de aquí a la primavera, me decidí a recuperarlo. Tras conseguir la autorización del propietario del terreno, fui a inspeccionarlo más de cerca, para valorar su potencial como futuro bonsái. A primera vista parecía prometedor, así que pala en mano comencé a desenterrarlo.

Excavé a una distancia de unos 30 cm alrededor del tronco, en todo su perímetro. Mientras creaba la zanja, iba cortando todas las raíces que se dirigían directamente hacia abajo, llegando a profundizar unos 40 cm. A continuación, localicé la raíz pivotante, larga y sin ramificaciones que procedí a seccionar.

Una vez en casa, con paciencia, pude ir desenmarañando el cepellón para descubrirlo y ver su estado. Para asombro mío, había muchas raíces finas superficiales y únicamente algunas raíces gordas creciendo de forma radial. Debido a la existencia de tantas raíces útiles, pude eliminar las gruesas a medida que iba quitando toda la tierra.

Una vez libre de sustrato pude apreciar el nebari y repasar la raíz pivotante, acortándola hasta dejar solo unos 10 cm, que me serviría como punto de apoyo hasta que las raíces superiores fueran capaces de sustentar al árbol. Al final habrá que eliminarla por completo, para conseguir una base plana y que vaya ensanchando aún más el nebari. El resultado muestra una buena distribución de raíces finas, repartidas uniformemente y de manera circular.

Seguidamente procedí a realizar una primera poda estructural en la parte aérea, elimando todos los troncos muertos, quedando al final dos gruesos y dos finos, de los que habrá que seleccionar un número impar de ellos. De estos emergían algunas pequeñas ramas, pero con un cultivo adecuado no será complicado conseguir que brote de madera vieja y seleccionar aquellos que sean necesarios para ejecutar el diseño planteado.

Como consecuencia de su búsqueda incesante en pos de luz entre toda la vegetación que le rodeaba, el boj fue postrándose e inclinando todos sus troncos en la misma dirección. Esta configuración será ideal para crear un estilo Kabudachi (múltiple tronco) o Fukinagashi (azotado por el viento). Su evolución y crecimiento después del trasplante nos ayudará a tomar una decisión al respecto. Al ser una especie de hoja pequeña, se conseguirán recrear las proporciones necesarias para recrear el aspecto de un árbol creciendo en condiciones extremas y sacarle todo el partido al material de partida.

Sin duda, lo que interesa en este momento es conseguir que el árbol recupere toda su fuerza y vigor, para empezar el proceso de formación. Por ello, se ha plantado en un cajón de madera donde la aireación permitirá un buen desarrollo radicular, que se verá reflejado en un crecimiento adecuado de la copa. El sustrato utilizado comprende volcánica al 100%, con objeto de garantizar un perfecto drenaje y que la adaptación a su nuevo medio de cultivo no presente problemas.

Ahora toca esperar y hacer un buen cultivo para posteriormente ir avanzando en su evolución. Con la ayuda de mi maestro Marcial Yuste, seguro que al final conseguiré crear un buen ejemplar, pues ya parte con una corteza craquelada muy interesante que le aporta el siempre deseado aire de vejez.

Andrés Seidel
Alumno de la Escuela
Buenos Aires (Argentina)

14 07 2018

Talleres en Griñón

Por |14 julio 2018|Talleres|Sin comentarios

En esta ocasión nos trasladamos a Griñón (Madrid) para trabajar dos árboles con buen potencial. El primero de ellos era un Pino Albar (Pinus sylvestris) que llevaba tiempo creciendo libre y no se le había efectuado desde hacía tiempo ningún trabajo, por lo que mostraba una silueta descuidada y empezaba a presentar problemas de alejamiento del verde del tronco. Tras un día alambrando la mayor parte de sus ramas con alambre de cobre recocido ya hace tiempo, lo que dificultaba la tarea enormemente, finalmente con el debido cuidado en su manipulación se obtuvo un resultado muy satisfactorio.

Estado inicial del Pino.

Diseño terminado (maceta fotomontaje).

Mostrando su magnitud.

El segundo árbol diseñado desde cero fue este Acebuche (Olea sylvestris), al que a su propietario otras personas le aconsejaron levantar el tronco con lo que se perdería su bonito movimiento y enterrar parte de la base. Nosotros, sin dudarlo, descartamos por completo estas ideas y decidimos elegir el frente posterior, donde se localizaba una interesantísima oquedad de madera muerta que convertiríamos en el punto focal del bonsái, manteniendo el nivel de plantado, aunque inclinando el tronco hacia el observador, con lo que lograríamos evitar que la mitad superior se dirigiera atrás. El resultado final muestra un ejemplar muy compacto, con un nebari potente, un tachiagari muy original y con mucho carácter. El conjunto presenta un buen equilibrio estático, aunque la sensación que crean la disposición del ápice, la distribución de ramas, las masas de verde y los espacios vacíos, se conjugan para evocar la figura como de dos bailarines danzando…

Primera formación de este peculiar Acebuche.